Una de Cal y otra de Arena

Una de Cal

MRB es una usuaria de la Fundación que desde hace casi diez años vive en uno de nuestros pisos tutelados. No tiene muchas aficiones, apenas salir con su pareja o alguna compañera a dar una vuelta y tomar un café. Tampoco tiene demasiados gastos, ya que al tener una plaza pública en Centro Ocupacional y en Vivienda Tutelada, tiene gran parte de sus necesidades cubiertas, pero cuando lo necesita no puede disponer del dinero de su prestación social, ya que es su familia quien lo gestiona, y quien decide cuándo y cuánto dinero le da para sus cosas.

El hecho es que ella no vive en la casa familiar, y en la práctica no genera ningún gasto, y lo justo sería que fuera ella, con los apoyos necesarios, quien decidiera qué ayuda económica puede y quiere destinar a su familia, y no al revés. La realidad es que ella, que no está incapacitada legalmente, podría y debería ejercer su derecho a disfrutar su pensión del modo que mejor le convenga, y no depender de otras personas para hacer un viaje, tener dinero de bolsillo o simplemente reponer sus gafas cuando se le rompen. Esto es un problema porque además la familia no está disponible para poder coordinar con ella los apoyos necesarios para atender las necesidades de MRB, ni para una reunión puntual ni para llevar un seguimiento de sus temas de salud mental y física, ni para acordar un plan de intervención, ni siquiera para firmar un papel.

Por todo ello, MRB y la Fundación pretenden abordar este tema para que MRB empiece a disponer de sus ingresos, y tratar de llegar a una resolución judicial que garantice una protección legal de su economía, de modo que exista un control de la misma, pero también una gestión que se adecúe a sus necesidades vitales.

… Por César Jiménez.


Una de Arena

Rosario Cano lleva en la Fundación Carlos Martín muchísimos años. Y como casi todo el mundo necesitaba un cambio en su vida. Se la preguntó si le gustaría empezar a ir al centro de día y fuera de toda previsión nos dijo que sí.

El día de la entrevista con su madre y con ella, teníamos pensado que tras la visita se fueran a su casa, pero Rosario estaba tan emocionada que no quería irse. La propusimos que se quedara en la sala 3 con compañeras que ya conocía, pero tras darse una vuelta, pesó que se quedaría mejor en la sala 2 con Juan Carlos. Los días posteriores los pasó buscando su lugar, pues quería ayudar en todo y a todos, quería hacer una actividad y otra, quería comer en un comedor y en otro, pero poco a poco ha ido encontrando su lugar. Su madre también está contenta con el cambio y ya hemos empezado a trabajar algunos aspectos de la vida familiar.

Nos hemos parado a preguntar a Rosario que tal se encuentra y esta es su respuesta: Me gusta estar en el centro de día porque Juan Carlos me deja hacer muchas cosas, para estar entretenida, como pasar la lista, colocar el material, regar las plantas, rellenar el humidificador, etc. Nadie me molesta y tengo varios amigos como Pablo y David Bermejo. La comida está más buena que antes y me dejan recoger los platos después de comer. Antes iba y venía con mi madre y ahora me recoge la ruta, así que voy muy cómoda.

De ahora en a delante Rosario estará en el centro de día, cuando queráis hablar con ella seguro que os recibe con los brazos abiertos.

… Por Isabel Bermejo.