Una de Cal y otra de Arena

Una de Cal

Este año he cumplido 65 años y me planteo que ya es hora de jubilarme.

Hasta ahora vivo en la vivienda tutelada de la fundación, que está en el Ensanche de Vallecas y vengo todos los días al centro para hacer diferentes actividades en las salas.

Aunque jubilarme es algo que me apetece porque sé que soy mayor y necesito otro ritmo, es más, soy yo quien ha sacado el tema, no me gusta pensar en residencia.

Siempre he creído que ese era un lugar para “viejos”, que se pasan los días sentados sin hacer nada.

Desde la fundación me han explicado cómo funcionan las residencias, que tienen actividades, que voy a poder entrar y salir como hago ahora pero que todo va a estar adecuado al ritmo que necesito. Incluso, he ido a visitar un par de residencias, donde me encontré con un viejo conocido de mi sala.

Al verlas me han gustado, sobretodo la que estaba en Madrid porque la otra estaba muy lejos para que la gente me vaya a ver.

Aunque no me guste, porque suponga salir de mi entorno, donde estoy muy a gusto, se que irme a una residencia es un paso que tengo que dar.

… Por Emilio Hidalgo.


Una de Arena

Tengo 44 años y desde hace ya unos meses, estoy dándole vueltas a la idea de solicitar plaza en una residencia.

Vivo en una de las viviendas tuteladas de la Fundación Carlos Martín desde hace 11 años. Estoy muy a gusto, me llevo bien con todos mis compañeros y con los profesionales, pero debido a que desde hace ya un tiempo no me encuentro muy bien físicamente, creo que es el momento de dar el paso de marcharme a una residencia. Al principio, se lo comenté a la monitora de la vivienda, que me animó y apoyó en mi decisión y junto con los psicólogos del centro, hicimos una reunión y se lo comentamos a mi madre y a mi hermana y todos estamos decididos.

Creo que con esta decisión, mi vida va a cambiar para mejor; voy a conocer a gente nueva, realizaré nuevas actividades, la residencia estará adaptada a mis necesidades físicas y, seguramente, pueda recibir apoyos que necesito que en la vivienda no son factibles que me proporcionen. Me gustaría encontrar una residencia que esté ubicada cerca de mis familiares y amigos pero soy consciente de que pueden concederme una que esté retirada, aunque no me importa, no me asusta, porque es mi deseo y siempre estará la opción de poder visitarnos y así no perderemos el contacto. No hay que tener miedo a los cambios porque son una oportunidad para crecer y mejorar.

Conozco a varios amigos que viven en residencia y todos ellos cuentan experiencias positivas, se han adaptado rápido y yo veo que les gusta vivir allí, que están muy contentos. Esto me ha ayudado a tomar la decisión, y lo tengo claro; creo que marcharme a una residencia es la mejor decisión que puedo tomar.

… Por Martín Fernández.