Una de Cal y otra de Arena

Una de Cal

“Cuando entré en la Fundación era un chico un poco vago, impuntual y despreocupado, pero poco a poco fui esforzándome y mejorando para poder pedir aquellas cosas que realmente quería…”

Nuestro protagonista reside en las cercanías del Centro Ocupacional de la Fundación Carlos Martín, al que acude diariamente como el resto de sus compañeros. Su familia se encarga de traerle y recogerle de las instalaciones, pero un día determinado, por propia voluntad e iniciativa, decide proponer a sus profesionales de referencia, la posibilidad de concederle el apoyo necesario para desplazarse solo en transporte público hasta su domicilio. Él es consciente que no posee todo el apoyo de su círculo familiar, pero esto no le resta perseverancia en mantenerse firme a su decisión.

Desde la fundación se media para que logre alcanzar su deseo. En un principio, la familia accede a la propuesta, y durante un prolongado periodo de tiempo, se realizan los apoyos valorados para la situación, siendo merecedor resaltar el éxito obtenido: nuestro protagonista interioriza el itinerario de transporte, y no solo ello, sino que se muestra resolutivo ante las dificultades que se le exponen y plantean.

Él mantiene la esperanza de que esto sea un punto de partida, y con su esfuerzo poco a poco, persiga y logre otros deseos, como la posibilidad de tener un pequeño espacio de ocio para relacionarse con sus compañeros y amigos fuera del centro, ya que es consciente que toda su vida la desarrolla plenamente en torno al hogar.

Pero finalmente, cuando se le retira todo el apoyo y sin motivo justificado, la familia decide encargarse nuevamente de recoger a nuestro protagonista, reduciendo a cenizas todo el esfuerzo realizado especialmente por él, y frustrando así, cualquier esperanza de lograr sus metas, que con creces ha demostrado empeño y persistencia hasta alcanzarlas.

“Yo me sentía muy bien marchándome solo a casa al igual que el resto de mis compañeros. A la vez, coincidir a la vuelta con ellos me permitía tener otro momento para relacionarme fuera del centro, ya que el resto del tiempo lo paso en casa sin poder hacer nada de manera independiente…”

 

… Por Irene Estrada


Una de Arena

Este año he tenido la oportunidad de poder participar en el proyecto de expresión dramática.

Significa mucho para mí, puesto que no es algo que vaya a quedar aquí, entre encargados y compañeros, sino que tendremos la oportunidad de representar la obra en un lugar público, con bastantes espectadores.

Mi cabeza y mi corazón experimentan mil sensaciones, algunas bonitas y positivas, y otras en las que los nervios me traicionan.

Aunque en muchas ocasiones el agobio y el temor por hacer algo mal, me crea angustia, hoy puedo decir, que me siento muy satisfecha por mí trabajo. En otras ocasiones, la presión, ha hecho que deje la actividad. Pero este año, mi afán de superación, me ha hecho mantenerme firme hasta el final de los ensayos, y disfrutar con ello.

Sé que el teatro es muy sacrificado, y que debo esforzarme en ello, para que salga muy bien, pero una de mis motivaciones es, ver que mi familia y que la gente que me venga a ver, se sentirá muy orgullosa, de todo el trabajo y el esfuerzo que he puesto en ello.

Otra de las cosas que me llena, es poder trabajar haciendo los decorados y trajes que se utilizarán en la obra de teatro, de que los profesionales me pidan ayuda para ello y confíen en mi trabajo. Mi gran recompensa: que todo esté a punto el día de la actuación, y que tengamos “mucha mierda”, disfrutando al máximo de la experiencia.

Y el año que viene… quién sabe…. quizá vuelva a participar.

Por Marisa Lacón, cuya actividad diaria se desarrolla en la Unidad de Día del Centro Ocupacional de la Fundación Carlos Martín. Marisa ha contado con el apoyo de Cristina García.

 

… Por Marisa Lacón, cuya actividad diaria se desarrolla en la Unidad de Día del Centro Ocupacional de la Fundación Carlos Martín. Marisa ha contado con el apoyo de Cristina García.