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La Intervención Corporal, una de las claves en el sistema de apoyos a personas con discapacidad intelectual

Desde que nacemos somos seres sensitivos. El entorno que nos rodea nos da la posibilidad de experimentar con nuestro cuerpo, con los objetos, con el espacio y con los iguales. ¿Pero qué pasa cuando aparece un problema que nos impide movernos, comunicarnos, relacionarnos, etc…? Pues que las posibilidades de desarrollarnos de manera independiente a nivel motor, emocional y relacional se reducen considerablemente.

Las personas con discapacidad intelectual muestran serias dificultades para la conciencia de su propio cuerpo y de las posibilidades del mismo. Tienen una tendencia a excluir sus defectos, lo cual les es útil para no caer en una situación catastrófica de incompetencia, pero les hace buscar situaciones sustitutorias que a menudo pueden convertirse en automatismos como hacer exactamente lo que se les manda, ser pasivos ante las demandas de los otros y perder toda iniciativa de interacción con el entorno. También aparecen problemas en la comunicación, sobre todo a la hora de expresar lo que les pasa o lo que sienten. Esto desencadena muchos problemas de conducta.

Vamos a hacer una breve argumentación científica, de porque es tan importante moverse:
Nos movemos porque sentimos y sentimos porque nos movemos, así es cómo funciona nuestro sistema nervioso central (SNC). Frente a un estímulo sensitivo (visual, auditivo, táctil, vestibular, propioceptivo…) que llega tras un largo camino a nuestra corteza cerebral, se desencadena una respuesta, que en la inmensa mayoría de los casos supone una respuesta motora, un movimiento. Este movimiento nos permite alcanzar diferentes objetivos: desplazarnos en el espacio, coger objetos, vestirnos, asearnos… pero también es el medio a través del cual podemos aprender a conocer nuestro cuerpo, relacionarnos, comunicarnos con los demás… Intentamos que la información que llega al SNC sea lo más correcta posible. Por ejemplo, si la intervención corporal se realiza con una persona con un problema neurológico, lo que intentamos es buscar es alinear la postura de tal manera que el cerebro reciba esa información postural como la correcta y desde ahí active la musculatura necesaria para mantener esa buena postura. Esto mismo sucede con el movimiento. Si para caminar se necesita apoyar el talón de una determinada manera porque esa posición permite hacer el apoyo monopodal necesario para la marcha, el SNC debe recibir la información de que el pie está situado en una postura correcta. Para ello deberá percibir el tacto de la planta, la presión de la carga sobre el talón… Si esto se trabaja de forma específica mejorando la sensibilidad de la planta del pie, transfiriendo el peso de un punto a otro del pie, alineando el tobillo correctamente respecto a la rodilla… el SNC recibirá sensaciones más correctas que a su vez desencadenen respuestas más cercanas al movimiento normal. Por otro lado, cuando no existe un problema neurológico claro, pero la persona presenta limitaciones en su capacidad de movimiento y de relación, la intervención corporal es también importante.

A partir de la experiencia senso-perceptiva se inicia el reconocimiento práctico del cuerpo, por eso le damos tanta importancia a la necesidad de encontrar un espacio que se dedique al movimiento, que permita a la persona apropiarse de un modo consciente de su cuerpo, el cual a menudo está ausente, por esto cuando el sujeto hace, actúa y piensa lo que hace con su cuerpo le devolvemos una primera comprensión de sí mismo y del entorno más cercano.

Las pdi intentan, a través de su actividad corporal y mental, compensar los problemas que presentan en un área determinada. Gracias a la intervención corporal, la persona cambia lo que le rodea mediante sus acciones; de la misma manera un cambio de postura implica un cambio de perspectiva y cada una de éstas una forma de trasformar el entorno.

Para conseguir nuestro objetivo es útil incidir en aquello qué son capaces de hacer y las formas en qué utilizan sus posibilidades para lograr sus metas. Esto le da la posibilidad de comprender mejor el valor de sus acciones y de poder representar en su mente qué quiere hacer y qué medios puede utilizar para conseguir de un modo más adecuado las metas psicomotrices que se propone. También se organizan las características de los objetos de nuestro alrededor y las representamos en nuestra mente de acuerdo a nuestras posibilidades. Los materiales y el encuentro entre las personas proporcionan una contención en la sala de un conflicto que la persona tenga con el medio, el cual al hacerse concreto y real puede ser reconducido.

Mezclamos pensamiento y percepción gracias a la acción del cuerpo y a la sensibilización continua de éste en su relación con el medio. En cada sesión construimos la conciencia corporal a través del juego sensoriomotor (espontáneo, imitativo, simbólico y representacional incentivando la acción global y el movimiento libre e imaginativo) en la que aportamos un sentido a las acciones del sujeto, intentando desbloquear las resistencias psicomotrices de cada sujeto para favorecer la comunicación con el medio y relacionarse mejor con él.

Esperamos que con esta reflexión os hayamos transmitido el porqué es tan necesario que las personas con discapacidad intelectual tengan un espacio donde puedan expresarse a través del cuerpo.

… Por Isabel Bermejo y Alba Gomez.