Historia Carlos Martín

Para casi todos era Carlos, para muchos Carlos El Cura y sólo para unos pocos, personas mayores que tenían inoculado ese tipo de respeto que él nunca propició, era el Padre Carlos.

Entró muy pronto en el mundo de la discapacidad intelectual, a través de la colaboración con un Centro de Educación Especial, el Colegio Virgen de Lourdes, pero de allí salió relativamente pronto, casi por pies, junto con un grupo de amigas y amigos, profesionales de alto nivel, que no eran para aquel Centro.

Carlos, hombre de Iglesia, pero de la Iglesia de base, de la que está al lado de los que más apoyo necesitan, de la que lucha por los “desheredados de la tierra”, de la que lucha de verdad, repitió la jugada entrando a través de un Organismo Católico, el Secretariado de Educación Especial, en un Centro Ocupacional, como maestro de taller, a la vez que compaginaba el ser Párroco de la Iglesia de San Federico, en un barrio humilde, de los llamados “obreros”.

Tampoco esta jugada le salió bien, digamos que los estilos marcados por estos Centros y sus dirigentes, se alejaban en todo del compromiso y el estilo personal, abierto, profundo y libre con el que Carlos siempre actuaba. Por cierto, que en esta última etapa, es en la que conoció a la gente con la que participó en la creación de AFADE, que por el contrario, fue y ha sido un espacio de libertad, de compromiso y de igualdad para y con las personas con discapacidad intelectual y sus familias.

De esta forma, nuevamente, arriesgando y echando el resto, Carlos, cercano, amable, cariñoso y a la vez, enérgico, vehemente y luchador, propició el desarrollo de AFADE, aportando las condiciones económicas y las relaciones personales necesarias, para crear el Centro Ocupacional de la Asociación en el año 1986, que en Octubre abrió sus puertas a 7 personas, casi todas provenientes del Centro de Educación Especial Estudio 3, de AFANIAS. Y para ello implicó a múltiples “actores”:

  • A la Parroquia San Federico en el barrio de Valdezarza y a sus gentes, a distintos niveles.
  • A la Parroquia Virgen del Val, en el Barrio del Pilar, y a su Párroco José Antonio, hombre de bondad infinita, comprometido hasta la médula con el Proyecto, cuya ayuda fue tan esencial en el arranque del nuevo Centro, con la cesión gratuita de un local de 90 m2.
  • A un grupo de hombres y mujeres de Justicia y Paz, Organización formada por dominicos y dominicas, que aportaron en aquel año 1986 la nada desdeñable cantidad de dos millones de pesetas para el arranque del Centro.
  • A la Dirección Técnica de Productos Cosméticos Wella, a través de una familia amiga, el primer cliente de AFADE.
  • A su amigo Julián Ramos, en aquel tiempo admirado y venerado Director de la Asociación ADIARE, cuyo Centro Especial de Empleo contaba con más de 250 trabajadores con discapacidad, ubicado en el distrito de Fuencarral, muy próximo a las instalaciones de AFADE, y que tanto trabajo vehiculizó para el desarrollo de nuestro Centro Ocupacional.
  • A la Comisión Episcopal de lucha con el paro, que en aquel momento distribuía fondos para proyectos de empleo, y que aportó 1,6 millones de pesetas, con las que se compraron las primeras máquinas, creando un taller de encuadernación en colaboración con Imprenta Ramos, segundo gran cliente de AFADE, propiedad de un antiguo alumno del Colegio de los Jesuitas de Madrid, compañero del Director del Centro Ocupacional.

Como es obvio, en las esencias de lo que hoy es y hace la Fundación Carlos Martín, Carlos es protagonista indiscutible. Sin todo aquello, lo de hoy no sería nada, seguramente no existiría. Es cierto que no estuvo solo, es cierto que a cada paso que daba, “alguien” le seguía inmediatamente, “alguien” le siguió en todo, siempre en pura escena de continuo riesgo y dificultad extrema, de compromiso sin límites; es cierto que se generó un tándem que lo hizo posible casi todo, incluido el poder ser calificados como Centro Especial de Empleo al año y medio de haber iniciado la actividad (idea que luego se desechó hasta pasados muchos años). Pero Carlos representó la esencia de una forma de compromiso difícil de encontrar.

Carlos fue un amigo por encima de todo, un amigo de nuestra gente, para el que, como dijo Mayte, la que fue Directora del Centro Educativo San Federico “… lo importante era escuchar, respetar, acoger, valorar a cada uno por lo que es, potenciando lo que puede llegar a ser”.

Después de 32 años, esta herencia de Carlos sigue viva y es, sin duda, la que da sentido a nuestra Organización y la que debe seguir alumbrando el camino que la Fundación ha de seguir, el trabajo que la Fundación debe continuar, los nuevos retos que la Fundación debe afrontar.