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El empleo digno y de calidad como dimensión de la inclusión social de las personas con discapacidad intelectual

El empleo digno y de calidad como dimensión de la inclusión social de las personas con discapacidad intelectual. Resumen.

Presentamos aquí un resumen del capítulo dedicado al empleo de personas con discapacidad intelectual del libro publicado por el CERMI “Discapacidad, tercer sector e inclusión social”, editado como homenaje a Paulino Azúa.

  1. Introducción. El estado de la cuestión.

Lo que aquí voy a desarrollar pretende analizar el entorno del empleo de las personas con discapacidad intelectual, dónde se encuentra y hacia dónde entiendo yo que debe ir para que podamos hablar de un empleo digno y de calidad. Por lo tanto, es de manera particular, la inclusión laboral de personas con discapacidad intelectual, con todos los elementos que la conforman, el contenido que pretendo presentar en las próximas páginas, desde distintas perspectivas, entendiendo que es una dimensión básica e imprescindible si queremos hablar de plena inclusión social del mencionado colectivo.

En línea con este proceso vital encarnado en la realidad, en el día a día de las personas con discapacidad intelectual, me permito traer citas de prensa y de autores relevantes que configuran el marco en el que voy a desarrollar mi reflexión.

La primera:

“Un total de 35.000 personas con discapacidad intelectual, de las 230.000 que hay en España, está en el paro, según la Asociación para el empleo de personas con discapacidad intelectual (AFEM). La asociación recoge los datos de Instituto Nacional de Estadística (INE) acerca de los 4.612.700 parados en España y constata que de ellos 35.000 personas tienen discapacidad intelectual. En este sentido, AFEM destaca que 10.000 personas trabajan en los centros especiales de empleo de la red FEAPS/AFEM, y otras 5.000 están contratadas en empresas de mercado abierto”.
(Madrid, 6 de Mayo, Europa Press).

La segunda, que complementa la primera:

“La tasa de paro ha llegado al 20% en España y el 60% de personas con discapacidad intelectual está en situación de desempleo”.
(Nota de prensa de AFEM, 1 de mayo de 2010).

Y una tercera, una reflexión autorizada, la de Luis Cayo, Presidente del CERMI, que expresa la descarnada situación que hoy vive el conjunto de personas con discapacidad, a pesar de la evidente evolución que la misma ha tenido en los últimos años:

“Las personas con discapacidad siguen sometidas estructuralmente a condiciones de exclusión generalizada y a intensas y permanentes discriminaciones, que las apartan del curso ordinario de la vida comunitaria. Las personas con discapacidad (…), siguen adoleciendo de dificultades severas para el acceso a bienes, servicios y derechos básicos, que se consideran habituales y corrientes para la población sin discapacidad. Todo esto determina menores cuotas de participación social y comunitaria, todo esto presupone un déficit de ciudadanía que hay que reparar”.

Dice Luis Cayo que “La discriminación explícita o latente hacia las personas con discapacidad, está tan arraigada en ideas, comportamientos y actitudes, en prácticas y habilidades sociales y personales, que corre el riesgo de no ser percibida. De tan corriente y extendida, se torna “natural”, como si formara parte del ser profundo de las cosas. La larga sombra de la discriminación se proyecta sobre la existencia de muchas personas con discapacidad, negando u oscureciendo sus posibilidades vitales”. (…)

Este conjunto de despropósitos, reflejan una realidad a la que ponen voz las personas con discapacidad (las que pueden hacerlo en su nombre) y que recogí con honda preocupación, del número 7 de la colección de CERMI.ES, “Discapacidad y Exclusión Social en la UE, tiempo de cambio, herramientas para el cambio”, en el que se estudia la relación entre pobreza y exclusión social en las personas con discapacidad: “Las principales razones de su desempleo o inactividad según los encuestados corresponden a lo siguiente: el prejuicio de los empresarios, la falta de educación y formación y la gravedad de su discapacidad, seguido de la falta de adaptación del lugar de trabajo y, por último, la falta de ayuda y orientación psicológica”.

  1. Aportación conceptual entorno a la inclusión laboral de las personas con discapacidad intelectual.

Dice la LISMI: “Será finalidad primordial de la política de empleo de trabajadores minusválidos su integración en el sistema ordinario de trabajo o, en su defecto, su incorporación al sistema productivo mediante la fórmula especial de trabajo protegido que se menciona en el art. 41”. Hoy este paradigma, a mi juicio obsoleto, sigue estando muy presente en la normativa, y ello de alguna forma sigue estigmatizando al mal llamado empleo protegido, los Centros Especiales de Empleo, que parecerían una solución de segundo nivel frente al gran paradigma de la empresa del mercado abierto.

Se hace necesario redefinir este planteamiento desde la perspectiva de la Inclusión Social, que en la Unión Europea se ha definido “como un proceso que asegura que aquellas personas en riesgo de pobreza y de exclusión social aumenten las oportunidades y los recursos necesarios para participar completamente en la vida económica, social y cultural, así como gozar de unas condiciones de vida y de bienestar que se consideran normales en la sociedad en la que viven”. (…)

Inclusión Laboral (FLORES MENDEZ, Jesús Mª, Hacia una nueva concepción de la integración laboral de las personas con discapacidad. Seminario sobre el empleo de personas con discapacidad. Palma de Mallorca. AFEM). 2005, que definimos “como un proceso personal orientado hacia el desarrollo de una carrera profesional en base a las circunstancias individuales de la persona con discapacidad y del entorno en el que está inmersa, desarrollo sustentado en el principio de igualdad de oportunidades en el empleo, lo cual implica por parte de la sociedad el establecimiento de estructuras y sistemas de apoyo que permitan a la persona contar con los recursos adecuados a su propia realidad y de este modo, poder tomar decisiones que definan esa carrera profesional”. Y añadíamos a continuación: “(…), pero sí deseamos establecer las líneas matrices de esta nueva concepción: proceso personal, carrera profesional, circunstancias personales y del entono, del mercado de trabajo, del mundo empresarial, igualdad de oportunidades en el empleo, y sistema de apoyos a disposición de la persona para que ésta decida por sí misma. Deseamos que en base a esto se profundice en una renovación total de políticas, legislación e instrumentos actuales. Y decimos renovación, ni supresión, ni priorización, deseamos en definitiva reformular todo ello, adaptándolo a este planteamiento para que cualquier acción de empleo sea eficaz de cara a la plena incorporación al trabajo de las personas con discapacidad en los términos aquí formulados”.

De cara a las personas con discapacidad, a la promoción del empleo, establecer un nuevo marco desde la perspectiva aquí descrita, es fundamental; de cara a las personas con discapacidad intelectual, es urgente, muy urgente, pues como señalan los datos aportados por AFEM, la situación es tremendamente delicada, siendo posible que al final pudiese existir una especie de consenso inconsciente que nos lleve a dejar de trabajar en este sentido y acabemos convirtiendo a todas las personas con discapacidad en meros receptores de servicios sociales, sin expectativa alguna de futuro en el marco de un empleo, que es cambio, mejora, calidad de vida, autodeterminación e inclusión social (…)

  1. Propuestas para generar procesos dignos y de calidad, orientados a generar empleo digno y de calidad para las personas con discapacidad intelectual.

Creer en el potencial laboral de las personas con discapacidad intelectual.

Debemos extender la creencia de que las personas con discapacidad intelectual están en disposición de generar aporte a la sociedad, de hecho trabajan y lo hacen con efectividad, ya han demostrado esa capacidad, a veces en situaciones tremendamente complejas. Para ello se exigen dos cosas, a mi juicio fundamentales: 

  • Una Administración, central y autonómica, decidida a apoyar a colectivos desfavorecidos, con acciones específicas y propias para potenciar su acceso al empleo, potenciando y flexibilizando hasta el límite los modelos existentes (como los Enclaves Laborales, por ejemplo), primando a Organizaciones y Empresas que apuesten decididamente por ello, y realizando una apuesta radical, insisto en lo de radical, por legislar de forma que establezcan cláusulas sociales en los contratos públicos, que beneficien a los grupos con especiales dificultades de acceso al empleo. Y no de manera generalista, sino primando específicamente la creación de empleo para dichos colectivos, en concreto, para personas con discapacidad intelectual, y también para aquellos Centros Especiales de Empleo cuyas plantillas estén mayoritariamente compuestas por personas con discapacidad intelectual u otras que también presenten especiales dificultades de acceso al empleo; de hecho, sería deseable la diferenciación entre Centros, según la discapacidad de sus trabajadores, extremo éste aún pendiente en una legislación que pretende regular la acción positiva dirigida a grupos de especiales dificultades de acceso al empleo.
  • Unas Organizaciones Sociales convencidas del derecho al empleo, de las posibilidades de las personas, organizaciones que no se anquilosan en los servicios sociales como formato de existencia sino que, además, hacen del derecho al empleo de las personas con discapacidad intelectual una acción de primera línea, lo cual pasa, a mi juicio, por crear empleo, directamente, sin lugar a dudas, utilizando para ello los distintos instrumentos que hoy existen (recordando aquel primer eslogan de AFEM, “Creamos empresas, creamos empleo”), pero también promoviendo la contratación directa en cooperación con las empresas, con todas, pero de manera muy especial, con aquellas que se estructuran en el marco de la de la Economía Social. Además, y en colaboración con las Administraciones competentes, urge, ya vamos muy tarde, las Organizaciones Sociales deben generar un profundo replanteamiento del qué hacer de los Centros Ocupacionales, auténticos cajones de sastre, en su mayoría alejados de la realidad del empleo, de los mercados, a los que tan solo se acercan para realizar determinadas operaciones con las que perpetuar un modelo obsoleto y vacío de contenido, profundamente distanciado de los procesos de tránsito al empleo, vulnerando gravemente el principio de igualdad de oportunidades del que, debidamente estructurados, podrían ser un aliado de primera línea.

La acción positiva para el empleo de las personas con discapacidad intelectual, una prioridad para todos.

La acción positiva (antes, discriminación positiva, medidas de fomento de empleo dirigidas a colectivos de personas con discapacidad con especiales dificultades de acceso al empleo), es una de las grandes claves para el empleo digno y de calidad de las personas con discapacidad intelectual. Las medidas de acción positiva, no deben ser una mera financiación extraordinaria de Centros Especiales de Empleo, o de Programas de Empleo con Apoyo, o una legislación que permite desarrollar Enclaves Laborales. Las medidas de acción positiva, desde esta perspectiva, son la clave (…) Pero es necesario profundizar. La financiación que ofrecen o las oportunidades de mercado que posibilitan a la persona y a las Organizaciones, se quedan reducidas a poco si no se generan los tan traídos y llevados sistemas de apoyos reales, efectivos, en puesto de trabajo, individualizados según las necesidades de las personas.

La tecnología al servicio del empleo de las personas con discapacidad intelectual.

“Hay que invertir pensando en personas porque así la inversión cumplirá de manera radical con los objetivos de eficacia y eficiencia requeridos para cualquier empresa, esto será bueno para todos, trabajadores con y sin discapacidad, pero será definitivo para aquellos que presentan más dificultades frente al desarrollo de sus competencias, que son frente a los que ponemos, como decía antes, escasas facilidades para incorporarse a un puesto de trabajo y desarrollar una vida profesional plena”. Estas palabras las recojo de un breve artículo que escribí para cermi.es en el mes de octubre de 2009, haciendo referencia a una conversación con un colega del sector, en la que debatimos respecto a la organización científica del trabajo, las inversiones en tecnología y las personas.

Esta especie de tridente, a mi juicio, es una clave no estudiada suficientemente y que, a mi modo de ver, es determinante en el éxito de la incorporación de un trabajador con discapacidad intelectual. Por eso, el título de este apartado, “la tecnología al servicio de las personas”. En este sentido, la expresión “tecnología” hace referencia no sólo a elementos o instrumentos mecánicos, eléctricos o electrónicos, que sin lugar a duda son esenciales, sino que hace referencia además a dos cuestiones fundamentales, por un lado, a los procesos y procedimientos en base a los cuales se realiza una acción productiva sobre un producto o en un servicio, y por otro, al conjunto de técnicas con base científica para su aprovechamiento práctico.

Permítaseme expresar tres afirmaciones a modo de paradigmas y que son la clave de este apartado y, en buena medida, de todo lo referido en este capítulo:

  • Las personas con discapacidad intelectual son extremadamente sensibles al nivel de desarrollo tecnológico de aquellos elementos que intervienen en su actividad productiva, en la medida en que, bien planteados, suplen con mucho posibles dificultades en el desarrollo de sus funciones.
  • La tecnología de procesos y procedimientos hay que repensarla cuando la gran mayoría de los trabajadores con discapacidad intelectual se incorpora a un puesto de trabajo, toda vez que dicha tecnología, analizada desde la perspectiva de las personas, puede generar importantes activos en procesos y resultados de la actividad productiva, tanto para esas personas como para la propia empresa.
  • La incorporación de personas con discapacidad a un proceso formativo y a un puesto de trabajo requiere necesariamente de técnicas específicas, apoyos específicos, con bases sólidas, que adapten dicho proceso a las necesidades de las personas, generando modelos que aborden lo individual en el entono colectivo de la actividad profesional.

 Estos tres paradigmas definen el marco del proceso al que nos referimos. Los tres tomados en cuenta, conjuntamente, y con las interrelaciones de los unos con los otros, conforman un nuevo modo de hacer, inhabitual cuando hablamos del tránsito al empleo, sea este en una empresa del mercado abierto o en un centro especial de empleo.

El derecho a tener un itinerario personalizado de inserción, como los demás.

A veces las soluciones para entrar en la rueda del mercado laboral, también para las personas con discapacidad intelectual, pasan por modelos que se utilizan habitualmente para otros muchos colectivos de desempleados. Los itinerarios personalizados de inserción son hoy un elemento fundamental en la intermediación laboral, pues contribuyen a la implicación total del trabajador en la búsqueda de empleo, transformándose ésta en búsqueda activa de empleo. “Los programas establecidos pretenden, de manera coordinada, luchar contra el desempleo, impedir que las personas desempleadas pasen a serlo de larga duración, ayudar a las personas paradas de larga duración a volver al mercado de trabajo y apoyar a quienes acceden a él por primera vez, bien sean las personas jóvenes en su primer empleo o las personas que vuelven a trabajar después de un periodo sin hacerlo”.

LAMA GARCÍA, Francisco José. Sistema informático para el diseño, evaluación y seguimiento de los itinerarios personalizados de inserción. TECNIMAP. Murcia.2004.

Cuando definíamos la Inclusión Laboral como proceso, mencionábamos las distintas implicaciones que tenía el nuevo planteamiento, y en referencia a la sociedad planteábamos “…el establecimiento de estructuras y sistemas de apoyo que permitan a la persona contar con los recursos adecuados a su propia realidad y de este modo, poder tomar decisiones que definan esa carrera profesional”. Estrategias, estructuras, apoyos técnicos e individualizados, oferta de servicios, se dan la mano para promover el empleo de las personas con discapacidad intelectual.

La familia como oportunidad y fortaleza en el proceso de inclusión laboral de las personas con discapacidad intelectual.

“Cada uno de nosotros o de nuestros familiares tiene, o debe tener, un proyecto personal; y el proyecto de vida familiar es el encaje de todos ellos: se trata de un proceso de negociación donde cada uno debemos ceder en cierta medida. El proyecto de vida familiar y el proyecto de vida personal son compatibles siempre y cuando se procure la independencia y autonomía de cada uno del os miembros de la familia”.

FEAPS. Libro de ponencias. IV Congreso Nacional de de Familias de Personas con Discapacidad Intelectual Proyecto con Familias, Familias con Proyecto. Valencia 12,13 y 14 de junio de 2009.

Esta perspectiva, desechada en muchas ocasiones, es la clave y, sin duda de buena parte del éxito del proceso de inclusión laboral y de un satisfactorio desarrollo de la vida profesional de la persona con discapacidad intelectual.

 … Por Jesús Mª Flores Méndez.