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Cuidadores con discapacidad intelectual en Centro de Día de atención a personas con discapacidad intelectual, una experiencia de plena inclusión laboral

Alfonso es trabajador del Centro de Día desde hace muchos años. Posiblemente sea de los profesionales que más tiempo lleva trabajando con nosotros. Comenzó siendo usuario del Centro Ocupacional de la Fundación, pues Alfonso tiene discapacidad intelectual, pero su actitud y aptitudes personales nos llamaron la atención y fue la primera persona a la que formamos como cuidador. Después de él y después de mucho tiempo, hemos seguido formando más personas con discapacidad orientadas a la función de cuidador, pero Alfonso sentó un precedente. Demostró que, creyendo en el potencial de las personas, y con la formación adecuada, es posible que experiencias que en un principio parecen casi una locura, hoy sean posibles: una persona con discapacidad intelectual trabajando para personas con grandes necesidades de apoyo. Y no sólo se trata de desarrollar unas determinadas funciones, que por supuesto las realiza, sino de cómo las desarrolla, cómo es capaz de relacionarse con usuarios y compañeros, siendo una parte muy importante del Equipo.

Como cuidador, Alfonso presta apoyos a 40 personas en situación de severa o gran dependencia, que presentan una discapacidad intelectual, y en muchos casos otras discapacidades, limitaciones y trastornos asociados, lo que significa que trata a lo largo del día con 40 personas con necesidades muy diferentes, a las que tiene que saber adaptarse y con las que tiene que saber comunicarse, con las dificultades evidentes que eso supone.

Presta apoyos en el Servicio de Ruta, tratando con usuarios y familiares, apoyos en las diferentes salas de intervención, apoyos para la alimentación, para la movilización, el aseo y la higiene, el ocio, etc.

Él siempre se muestra muy contento con su trabajo, pero hoy queríamos además que nos pudiera hacer una reflexión más detallada de su experiencia.

¿Cuándo empezaste a trabajar?

No recuerdo muy bien el año. Sé que empecé en la Fundación en el Centro Ocupacional, que tenían alquilado, y luego pasamos al que está en Rafael Alberti. Estaba como usuario del Centro, pero al tiempo, me vieron que trabajaba bien y me subieron a las unidades de día. Y en ese momento me contrataron. Tras unos meses allí, se abrió el Centro de Día y desde entonces estoy trabajando aquí.

Qué funciones desarrollabas al comienzo y cuales realizas ahora?

Mas o menos las mismas. Hago los cambios de higiene y la ruta. Aunque ahora también hago el comedor.

¿Qué es lo que más te costó y lo que menos?

Cuando empecé, Paco estaba siempre conmigo enseñándome a poner los pañales que era lo que más me costaba. Pero enseguida lo aprendí, porque éramos pocos y había que hacer muchos cambios. A la persona que más me costó llevar fue a DBP. En el comedor, lo que más me ha costado es aprenderme los menús de cada uno. Tengo mucho trabajo con MCG, porque le tengo que animar a que coma solo y a veces no lo hace.

¿Qué tal desarrollas tu trabajo cuando has ido a los Respiros?

Bien, me ha gustado mucho. Me cuesta que algunos chicos me hagan caso al principio, pero me lo he pasado bien.

¿Qué tal has llevado el cambio de ruta?

Bien. Por la mañana me levanto muy pronto porque tengo que empezar la ruta a las 7:50. Pero por la tarde como ya no la hago, me cojo el autobús y descanso más, porque aunque tardo tiempo, lo empleo en dormir ya que acabo muy cansado después de todo el día.

En general, el trabajo que realizas en el Centro de día, ¿te gusta?

Si. Todo lo que hacemos, desde el trabajo de cuidador (apoyos de higiene y rutas), al de apoyo a los TIS en las salas.

La verdad es que, viendo la naturalidad con la que él se toma su trabajo, a veces cuesta trabajo comprender por qué esta experiencia es aún hoy una excepción. Alfonso es el ejemplo real de que estas apuestas pueden funcionar. Y además deja una sensación de orgullo en todos los que, de algún modo, la hemos compartido con él.

Afortunadamente, en la Fundación Carlos Martín, Alfonso no ha sido la única persona en conseguirlo; Carmen, Alberto, Ángel o Mercedes son algunos ejemplos de que intentarlo, asumir el riesgo de embarcarse en una tarea tan compleja y estar dispuesto a hacer frente a no pocas dificultades, merece la pena cuando la recompensa es tan grande. Superarse, demostrarse a uno mismo y a los demás de lo que soy capaz, y conseguir una de esas metas que pueden dar un giro radical a una vida.

… Por Isabel Bermejo y Alfonso del Castillo.