Una de Cal y otra de Arena

Una de Cal

“2 de Agosto de 2012”. Sonó el despertador, me desperecé despacio, lentamente me levanté de la cama. Desconocía lo que este día supondría para el resto de mi vida.

Como cada mañana, fui a desayunar a la cocina, me reuní con el resto de compañeras del piso y juntas nos preparamos para ir al Centro.

El día transcurría tranquilo, hasta que una llamada de teléfono lo cambiaría todo.

Era Esperanza, personal de limpieza del centro de día de mayores “Arroyo del Olivar”, lugar donde mi padre, Lorenzo Casado; acudía casi diariamente a comer, para que mi madre no tuviera que cocinar en casa.

Su voz sonaba temblorosa y agitada, casi no podía entenderla, sus palabras sonaban vacías en mi cabeza: “Tina cariño; ¡Han atropellado a tu padre cuando venía hacia aquí!”

Después de aquella frase todo me daba vueltas y aquel cuarto se me hacía más y más pequeño cada segundo. De mis ojos comenzaron a brotar lágrimas y un sentimiento de que no volvería a ver a mi padre invadió mi pensamiento.

Ya en casa junto a mi madre recibimos la llamada. Miriam, la chica de ayuda a domicilio fue la que me lo dijo, “No pudieron hacer nada por él”. Nos dijeron que luchó con todas sus fuerzas.

A sus 88 años falleció en el Hospital de Cercedilla; había disfrutado de una vida larga y feliz.

Los primeros días fueron los peores, sobre todo llegar a casa y encontrar vacío el sillón donde se sentaba para ver lluvia de estrellas y los programas de cotilleo que tanto le gustaban.

Poco a poco lo he ido superando, soy consciente que a todos nos llega la hora. Estos años hemos celebrado una misa en su memoria en Madrigal de la Vera (Extremadura).

Siempre le recordaré paseando en su silla de ruedas; le llevaré siempre en mi corazón.

“Te quiero Papa”, allá donde estés…

 

… Por Josefina Casado y Carlos del Campo


Una de Arena

Paco Fuentes. Hace casi un año desde que Paco decidió independizarse de la “residencia de sus padres”.

El cambio para la familia fue muy duro, ya que ellos no querían que se mudara por miedo a que le pasara algo. Tras una continua insistencia por parte de Paco, éste consiguió convencer a la familia para que le apoyara en esta decisión tan importante. “Quiero hacer mis cosas yo”

Al principio venían a buscarle a las instalaciones del Centro Ocupacional para acompañarle a la vivienda, y los fines de semana le recogían en la vivienda para pasar el fin de semana en casa de sus padres. Poco a poco empezaron a confiar más en él y así comenzó a adquirir una mayor independencia. “Por fin dejaron de venir a buscarme y empecé a irme solo a mi piso, que es mi casa”.

Cuando llegó al piso le costó adaptarse a las normas de la vivienda, a la realización de las tareas y sobre todo a la convivencia que supone el vivir con otras 5 personas más; pero todo esto con las “ganas de querer vivir en un piso él solo” hizo que el proceso de adaptación fuera muy rápido.

En la actualidad “he aprendido cosas que mi familia no me dejaba hacer: ir a comprar, limpiar, cocinar, coger el autobús para ir a trabajar, poner la lavadora, ordenar mi ropa,…”

Paco ha adquirido tal autonomía que le hace sentirse útil y activo en todo momento. Autonomía que hasta ahora no poseía por que había otra persona que lo hacía por él (para ayudarle para que se sintiera bien) cuando realmente él no necesitaba esa ayuda y tenía la necesidad de hacerlo él solo para poder sentirse mejor.

“En el piso estoy encantado”.

“En la vivienda me tratan todos muy bien, tanto los profesionales como los compañeros, aunque a veces riño con ellos porque se cuelan en el baño cuando tengo ocio”.

“Los fines de semana cuando voy a casa, ayudo más. Mis padres son mayores”.

”Mi familia está muy orgullosa de mi”.

“Estoy encantado con haber venido al piso”.

“Recomiendo a todos mis compañeros de taller venir a vivir conmigo al piso”.

… Por Paco Fuentes, Inmaculada Calero y Luis Miguel Díaz